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Una
ruta que es, desde hace años, un camino a la muerte. La desidia empresarial que
sobrecarga los camiones y convierte a cualquier obra en efímera. El Estado que
no controla y que dejó que la infraestructura vial se convirtiera en hilachas.
Por mantener calzadas de doble mano, destruidas y desseñalizadas, cargadas por
un parque vial que en 35 años se multiplicó en cantidad y velocidad -mientras la
cinta es la misma-, recargadas por un transporte que no tiene alternativas
porque se decretó la muerte ferroviaria con una impunidad temible. Esta es la 51
y su contexto.
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4/3/13
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