10/10/13

LOS ADOLESCENTES Y EL ALCOHOL: EL LUGAR DE LOS PADRES
 
El abuso de alcohol en la adolescencia es una problemática que involucra a varios sectores de la comunidad, a los adultos, a los gobernantes, a los dueños de bares y boliches bailables, en fin, a la sociedad en su conjunto. Como todos conocemos, llega el fin de semana y los adolescentes se disponen a disfrutar de las salidas nocturnas organizando previamente reuniones donde la “rutina grupal” es la de consumir grandes cantidades de bebida alcohólica.
Desde hace unos años se ha modificado el papel que ocupa el alcohol en las prácticas sociales de nuestros jóvenes, y pasó de ser un compañero de la diversión a ser un fin en sí mismo. Circula la idea, instalada fuertemente entre los jóvenes, de que si no se toma alcohol no hay diversión. Con la intención de desinhibirse y de hacer lo que no se haría estando sobrios, los adolescentes buscan sentirse parte de una cultura juvenil en la que el no tomar es estar excluido.

Según Adrián Dall Asta, sociólogo y director ejecutivo de la Fundación Proyecto Padres, en los talleres realizados en 2010 a 300 estudiantes de escuelas públicas de Capital Federal, 1 de cada 3 chicos empieza a hacer la previa entre los 12 y los 14 años. El 60% lo hace entre los 14 y los 17 y sólo el 4 % lo hace a partir de los 17. La Encuesta Mundial de Salud Escolar aporta otras cifras: el 30% de los chicos de 13 años probó alcohol; a los 14, lo hizo el 50% y, a los 15, el 65%.

“La meta es la diversión, vivir el momento, no lo que pasará mañana, ni ser feliz, porque mañana no hay nada. Es una sociedad donde no hay niños, ni viejos, sino eternos adolescentes, dice Dall Asta, autor del libro Diversión Peligrosa- Hijos en peligro. Los chicos toman porque son hijos de esta generación posmoderna que tiene la paradoja de “cuanto más me lleno, mas vacío estoy”, y que pasa por otro tipo de abusos: pastillas y medicación, para conseguir dormir o porque están nerviosos. No hay mucha diferencia. 

Habitualmente son los propios padres los “propulsores” de las previas. Van al supermercado, compran la bebida y dejan que sus hijos tomen en casa. Prefieren eso a que sus hijos estén en la calle. Lo adecuado es que reaccionaran como podres, poniendo límites a los chicos, explicándoles con autoridad y no como amigos o pares. En muchos casos, los adolescentes se quejan de que los padres no están presentes, al menos en las reuniones previas a la salida nocturna.

El estudio Imaginarios sociales y prácticas de consumo de alcohol en adolescentes de escuelas (2005), del Observatorio Argentino de Drogas, brinda otros datos en cuanto a la actitud de los padres. Según la encuesta que se llevó a cabo a nivel nacional, el 11,8 % conoce que sus hijos consumen alcohol y lo aprueba; el 17,4 % no sabe y el 30,3 % simula no saberlo.

En los sectores medios y medios altos, los padres son parte del problema. Si bien, en la práctica, los chicos pueden sacar provecho de aquellos padres que hacen la vista gorda o se las dan de compinches, afirman estar molestos por esa situación.

En estos tiempos asistimos a una mayor tolerancia del alcohol que dificulta la visibilidad del problema. La libertad aparente de los jóvenes viene en una botella, sentirse “más relajados, más animados o atrevidos; también refleja una búsqueda de aprobación y una sensación de pertenencia que les otorga un lugar en el grupo de pares, un reconocimiento de los otros. Esto refleja un uso instrumental del alcohol que incluye juegos y promociones de tragos en los bares, pubs y boliches.

En lo que respecta a lo cultural, el desafío es desnaturalizar las previas, que se han arraigado en las costumbres de nuestros adolescentes y es aceptada por los padres. El ministerio de Salud ha implementado una guía de consejos e indicaciones para la atención de las urgencias por consumo excesivo de bebidas alcohólicas. Estos protocolos llegan a los CPA en forma de folletos y calcomanías a distribuir entre los jóvenes sobre todo en la temporada de vacaciones de verano, aunque las campañas preventivas deben realizarse todo el año.

Creo que el desafío no sólo es el de desnaturalizar las previas, sino también prevenir las conductas de desborde generando mayor conciencia y responsabilidad en los jóvenes con respecto al consumo de alcohol. Todo esto en un trabajo conjunto con el resto de la comunidad, donde el estado juegue un papel principal generándolas normativas necesarias.

Dall Asta propone modificar la ley Nacional de Lucha contra el Alcoholismo (24.788) y sancionar la publicidad abusiva a menores (sobre todo de cervezas y vinos espumantes) así como a los padres que permiten previas en la casa. Además es necesario realizar campañas dedicadas a la promoción de hábitos saludables y prevención de la salud.

Como profesional del Centro de Adicciones de Tandil, adhiero fuertemente a la revisión de los patrones culturales vigentes respecto del consumo de alcohol en los jóvenes. Muchos dispositivos de control están en los papeles pero no en la práctica. Es necesario exhortar a los padres a tener un rol más activo, dando a los chicos herramientas, valores como la comunicación, el compromiso, la búsqueda de identidad y sentido.

En el espacio para padres del CPA, coordinado por el Lic. Juan Gamboa Benaglia y la Psicopedagoga Emilia Echegaray, los padres se muestran preocupados y solicitan orientación para el trato con sus hijos y el manejo de conductas ligadas al abuso de drogas y alcohol.

Para muchos padres negarse al consumo de alcohol no sirve para nada, aunque creen que la previa es una práctica innecesaria….”no veo ningún motivo por el cual los chicos tengan que esta alcoholizados…no estoy de acuerdo…pesé a ello mis hijos la han hecho en casa…”

Algunos padres recurren a la persuasión antes de que a la imposición. Dicen: “uno no puede manejar qué hacen los chicos afuera, por eso es importante hablar y tener confianza en que lo que aprendieron en casa les sirva…”. Otra madre dice (refiriéndose a su juventud): “antes estar alcoholizado estaba mal visto, no era una gracia…y de todo lo que había para tomar el alcohol era un 5%”. “Creo que con mis hijos he llevado el tema del alcohol bastante mal, por ignorancia y por no haberlo vivido en carne propia”. “Creo que hablamos idiomas distintos…no sé qué decirles, básicamente es “no lo hagas y no te agarres el vicio”.

En el grupo para adolescentes del CPA, coordinado por la Lic. Edith Erro y la Prof. Luciana Cáceres se interviene acompañando a los jóvenes a vivir esta etapa de la vida tan particular y decisiva generando conductas saludables. Consideramos, en lo que respecta al consumo de alcohol, que generar consumidores responsables y brindar información es el objetivo principal, propiciando en los adolescentes  mayor conciencia de los propios actos, responsabilidad y una apertura al diálogo con los adultos.
Lic. Carolina Eckart, 
profesional del CPA Tandil

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