Sin lugar a dudas, la recuperación democrática fue un hito institucional e histórico. Fue el triunfo definitivo de la institucionalidad democrática, que a pesar de las sombras y acechanzas, inauguró una etapa de continuidad de gobiernos elegidos por el voto popular, sin las interrupciones impuestas por las dictaduras militares.
La democracia fue el resultado de un largo proceso de resistencia al terrorismo de Estado que adquirió variadas formas en lo político, en lo social y en la lucha por los derechos humanos que erosionaron a la dictadura hasta el ocaso definitivo que le provocó la derrota en la guerra de las Malvinas.
Y fueron también tres décadas de afirmación de la memoria popular y los derechos humanos, de consolidación de la unidad latinoamericana, de recuperación de la centralidad del Estado, entre muchas otras cuestiones.
La democracia argentina evolucionó en la medida que las personas y los grupos sociales reclamaron nuevos derechos y transformaron las instituciones públicas.
Como militantes políticos, creemos que durante estos 30 años de democracia en la Argentina la sociedad y los distintos actores políticos hemos logrado sostener y consolidar este avance institucional. Y más allá de las cuestiones pendientes, hoy podemos decir que la democracia se ha consolidado como opción política de los argentinos.
Por eso, a 30 años de aquel hecho histórico, estamos convencidos que la mejor forma de honrar ese legado es transformándolo en compromiso generacional de transformación, asumiendo como propias aquellas luchas y marchando juntos por los derechos que aún debemos conquistar.
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